HAY QUE ENTENDER A LOS QUIMICOS, AMARLOS, BENDECIRLOS Y DARLE
GRACIAS A DIOS POR HABERLOS CREADO!!
Recuerden que:
Un Químico no es que sea prepotente, es que está rodeado de inútiles.
Un Químico no tiene el ego muy grande, es que el cuarto es muy chiquito.
No es que quieran tener la razón siempre, es que los otros siempre se equivocan.
Un Químico no tiene vida desorganizada, es solo que tiene un ritmo de vida particular.
Un Químico no ve el mundo, lo cambia.
Un Químico no es que sea un creído, es que los simples mortales no lo comprenden.
Un Químico no es un crítico, es que los errores de la gente son muy evidentes.
Un Químico no es un inútil para hacer tareas cotidianas, es que para qué demonios gastar sus valiosas energías en bobadas y además un trapeador es una máquina muy compleja y no se puede configurar.
No es que el trabajo los absorba es que... de qué carajo estaba hablando?
Un Quimico no comete errores, solo prueba si los demás estaban prestando atención!!
No es que se crean la gran cosa, ES QUE LO SON!!!
Pero recuerden, ser tan cercano a la perfección tiene sus problemas así que los que no son Químicos comprendan a estas tristes almas torturadas entre la genialidad y la incomprensión.
Ser Químico es una gran tarea, es una gran responsabilidad y no cualquiera es Quimico, hay que tener carácter, fortaleza, inteligencia, capacidad y tolerancia para dejar tu vida social y dedicar tu tiempo y pasión, a la ciencia.
Ser un Químico es estresante,
Dejar a tu familia y vida social a un lado es horrible,
Convertirte en un zombi come libros y rata de laboratorio es abrumador, . . . .
Pero llegar a ser el mejor Químico no tiene precio.
POR FAVOR ¡¡ COMPRENDELOS!! NO ES TAN FACIL SER QUIMICO, pero un buen amigo, hermano, compañero. Etc; comprende la vida de un Químico, sus cambios de humor, su vida estresante, su aflicción y desesperación, la gente que vive o conoce un Químico, debe trata de comprender que un Químico es una persona con muchos defectos, pero una gran cualidad, lo que hace lo hace con AMOR y PASION. . . . . al fin de cuentas, NO SOMOS TAN MALOS.